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Educación y nuevas tecnologías

 
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Por Ignacio Moreno, Director de Bioprofe

¿Podemos realmente seguir hablando de nuevas tecnologías? ¿Se puede continuar utilizando esa denominación para referirnos a los dispositivos electrónicos o a los sistemas de comunicaciones que empleamos en nuestro día a día? El uso del término TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) parece que es actualmente más adecuado para referirse a una tecnología que cada vez es menos nueva.
 
El sector de la educación se enfrenta al difícil reto de adaptar su actividad a las TIC. Hasta ahora el método tradicional de enseñanza es el que ha continuado teniendo presencia en la mayoría de los centros: profesores que imparten sus clases presencialmente, alumnos que llevan a cabo sus tareas manualmente, y unos procesos de evaluación que son también eminentemente presenciales. Ha sido en estos últimos años cuando se ha empezado a introducir en la actividad diaria de los centros los dispositivos electrónicos que son ya habituales en la vida de las personas en sus hogares y empresas. Pero en España este es un proceso poco uniforme: existen centros en los que su actividad ya se lleva a cabo íntegramente mediante el uso de las TIC, y otros en los que estas tecnologías ni están ni se las espera. Y, entre ambas situaciones, un universo de términos medios. En muchos ámbitos del sistema educativo las TIC continúan siendo consideradas nuevas tecnologías.
 
 
Este panorama tan desigual es debido, fundamentalmente, a motivos económicos. El mayor o menor presupuesto del que disponga cada centro educativo, indudablemente, influirá en su capacidad para invertir en equipos tecnológicos y redes. La continua y rápida evolución de las TIC también puede llegar a tener su lado negativo, ya que los centros de educación pueden llegar a frenar o limitar su inversión en tecnología por el temor a no llegar a amortizarla, porque sus dispositivos o sus sistemas de comunicaciones puedan quedar obsoletos en un corto espacio de tiempo. 
 
Es evidente que no se puede cambiar un método de enseñanza de la noche a la mañana. Sobre todo cuando este está tan arraigado y ha demostrado ser tan efectivo. Pero sí que es posible ir adaptando su metodología a los nuevos tiempos. Si el uso de los dispositivos electrónicos -smartphones, tabletas u ordenadores- es ya habitual, si no imprescindible, en la vida de las personas, la comunidad educativa no puede ser ajena a esta realidad.
 
La escuela y los padres han de formar a los niños para que puedan estar preparados ante los retos a los que se enfrentarán cuando sean adultos. Y la realidad es que nos encontramos en un mundo que se encuentra cada vez más “digitalizado”. 

 
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